¿Quiénes son los payamédicos? ¿Qué hacen?
Los payamédicos son un grupo de payasos, estudiantes de teatro, de medicina, residentes, médicos, sicólogos que trabajan en el Hospital de Clínicas, en el Hospital Udaondo, y muchos otros
hospitales. Es curioso saber que los payasos ya estaban en los hospitales desde los tiempos del propio Hipócrates.

La Lic. Andrea Romero y el Dr. José Pellucci
son sus creadores. Por su parte José también creó
Hospiteatro. Muchos de los pacientes encuentran que el
teatro y el arte en general (como se comprueba en el Centro
cultural del Hospital Durand, en el Hospital Borda) son el
cable a tierra, que estas formas de expresión son un
complemento valiosísimo de la medicación y los tratamientos
convencionales; que un niño o un adulto que tiene que
pasar por una cirugía o un procedimiento logra soportar
mejor ese trance a través de una preparación , de
juegos/terapia previos, los estetosflorios y las
jeringaracas, mitad jeringas mitad maracas.
Ellos practican la medicina del médico que reconforta al
paciente desde la cabecera, no desde atrás de un escritorio.
Ellos, como Patch Adams, defienden el compromiso con
la vida y el buen morir, la caricia, la sonrisa, la risa, la
consulta sin presión de tiempos, la alegría, el
acompañamiento en cualquier servicio del hospital. Todo
sumado al seguimiento del paciente, su familia y los médicos
que los asisten.
Cabe recordar que los integrantes de Payamédicos son
profesionales de la salud, que participan activamente del
tratamiento, recuperación, rehabilitación de los pacientes.
Es mucho más que teatro, música, juego, risas.
Patch Adams estuvo en Buenos Aires con sus clown
doctors en agosto de 2003, y tuve la inmensa alegría y el
gran desafío de ser su intérprete. Como me dijo Patch
"You´re my voice in Argentina".
Y como intérprete los acompañé desde que pusieron un pie
en Ezeiza el lunes 11 de agosto. Compartimos tres días tan
agotadores como enriquecedores. Por eso, cuando se confirmó
la visita de Patch, me sumé al sueño. Y fui una más de
ellos, además de la intérprete
(Debo aclarar que conocí a Payamédicos por algo personal:
la neurocirugía de mi hijo Santiago que se realizó en un
centro privado donde no se practican estas terapéuticas,
desafortunadamente).
Fue increíble estar con ellos y los médicos locales en la
Terapia Intensiva del Hospital Udaondo donde Olga, una
paciente operada hacía un par de horas de un cáncer de
estómago lo recibió con una sonrisa, y a pesar de los tubos,
vías etc, etc, le cantó una zamba, y luego un vals que uno
de los clown doctors acompañó con el violín mientras Patch y
la intérprete bailaban alrededor de la cama, y el jefe y las
enfermeras de la terapia tarareaban la melodía.
Patch nos enseñó también que es imperioso redefinir la
relación médico-paciente, humanizar la medicina.
En el Hospital de Clínicas la entrada fue igual que en
los demás hospitales que visitamos. Además de la prensa,
todo el personal salió a recibirlo con sus narices rojas,
banderas y carteles de bienvenida.
Visitamos las terapias de pediatría, neonatología, y la
sala de prematuros, y esta servidora, por supuesto, de su
mano a todos lados: en esa angustia de tener a un hijo en un
respirador, en la tragedia de una madre cuyo hijo prematuro
había fallecido hacía 5 minutos Patch y sus colaboradores
acompañaron, rezaron ("This is not a time for clowning",
dijo Patch).
Uno de los neonatólogos admitió saber mucho del riñón y
de los pulmones pero no haber sido capacitado para enfrentar
la muerte, aceptarse como vulnerable, hablar con esa madre
no sentado detrás de su escritorio sino a su lado, tomándola
de la mano como lo hizo Patch. Agradeció a Patch con todo el
corazón lo que acababa de enseñarle.
En la terapia de pediatría, conocimos a una chiquita, que
con una cirugía reciente y una traqueotomía a cuestas,
insistía con su globo rojo y su sonrisa ante las lágrimas de
su médica.
Patch destacó la creatividad e imaginación de los
profesionales que inventan los elementos que no se les
proporcionan sobre todo en los hospitales públicos.
En todo momento Andrea Romero, José Pellucci, Cristina
Jorrat y los payamédicos (Amandina, Lic. en Alegría,
Valentina Vitamina, Fede) me cuidaron para que todo esto no
me partiera en dos. Una cosa es ser una profesional de la
traducción médica; otra cosa es estar al lado de Patch en la
terapia…
Debo confesar que además de trabajar con médicos, y
dedicarme a la traducción médica, descubrí hace tiempo que
el hospital es parte de mi geografía diaria, un lugar donde
se puede dar mucho, por donde también pasa la vida. Además,
el clima que crean Patch, los clown doctors y nuestros
Payamédicos sirve para que nos demos cuenta de que eso es la
vida, de eso se trata. Y encontré la belleza aún en medio
del dolor.
El miércoles dio una charla frente a la Facultad de
medicina en una carpa, donde se reunieron alrededor de 1300
personas: médicos jóvenes en su mayoría, y estudiantes
quienes lo aplaudieron de pie. Patch tenía los ojos llenos
de lágrimas.
Vimos un video que Patch y sus clowns filmaron en Kabul:
niños quemados por explosiones, y la presencia de los clowns
con el violín o el burbujero o el xilofón para reconfortar y
acompañar.
En los momentos más emotivos de esa conferencia su hermano
Wild Man sentado a mi lado me tomaba de la mano para darme
fuerzas. Y yo tomaba agua para poder seguir con mi
interpretación.
Al finalizar los aplausos, Patch tuvo un gesto maravilloso:
pidió un aplauso para mí, y me abrazó junto con todos los
payamédicos.
Kabul. Horror. Terapia intensiva. Sala de espera.
Angustia. Preocupación. Dolor. Pero como dijo una paciente:
"La pena compartida es media pena"
Espero que estas palabras sirvan para que tengas una idea
de lo que viví, aunque lo dudo, porque nunca serán
suficientes.
Seguro que tenés los ojos llenos de lágrimas. Dejalas salir.
Yo también ese miércoles cuando terminó todo, lloré un buen
rato.
Nota: sigo vinculada a los Paya, y me sumo a ellos
cada vez que puedo en algunas visitas y actividades. Son
parte de mi vida.
